Morelia, Michoacán
Más del 70 por ciento de las colonias en Morelia alberga perros comunitarios, seres invisibles para la ley, pero esenciales para la vida barrial, convirtiéndose en guardianes, en compañía o en lazos vivos entre vecinos.
Sin embargo, basta una sola voz disidente para desatar la tragedia, asesinatos brutales o expulsiones forzadas ante la ausencia de una normativa que los proteja.
Hoy, en las inmediaciones de la colonia Fuentes de Morelia, Infonavit Juana Pavón y Lomas de Vista Bella, el destino de tres caninos pende de un hilo.
Max, Coco y Camila —los últimos integrantes de una pequeña manada— enfrentan la incertidumbre absoluta luego de que una persona determinara que este sería su último viernes en el lugar, obligándolos a ser desplazados hacia Mil Cumbres.
Según narran los vecinos, la historia duele, la pequeña manada, es conocida con afecto como “La Pandillita”. Güero fue parte de La Pandillita pero murió de forma violenta, dejando una cicatriz imborrable entre quienes lo cuidaban.
Gloria Ríos Estrada, vecina del lugar, explicó que un grupo de 14 personas, se ha encargado del cuidado de estos animales.
“Los tres lomitos cuentan con su carnet de vacunación y un seguimiento constante”, señaló, evidenciando que no se trata de abandono, sino de responsabilidad compartida.
Pero esa red de cuidado se fracturó ante una amenaza directa, una sola persona amagó con “meterles un balazo si los volvía a ver”, lo que derivará en el traslado forzado de los animales este fin de semana, desconociéndose su destino final.
Evangelina Langle, también vecina, lamentó el desarraigo. Durante una década, estos perros formaron parte del tejido emocional de la colonia y hoy son expulsados como si nunca hubieran pertenecido.
Desde una perspectiva más amplia, Esmeralda Cerda Pizano, presidenta de la asociación Generando Hogares de Amor para Animales Desprotegidos (GHAPAD), estimó que más del 70 por ciento de las colonias en Morelia cuenta con perros comunitarios.
Son animales sin dueño formal, pero con múltiples cuidadores que asumen su alimentación y atención médica.
Entre el abandono institucional y la omertá social que normaliza la violencia, la “pandillita” se desvanece. Los vecinos afirmaron que no por falta de amor, sino por la ausencia de ley que les proteja.