Por Félix Madrigal/ ACG
Morelia, Mich. | Agencia ACG.- Desde la década de los noventa, Graciela Guillén comenzó a reunir objetos que con el paso de los años fueron formando una colección de curiosidades. Décadas después, parte de aquellas piezas terminarían dando origen a un bazar que inicialmente estaba pensado para permanecer abierto solamente durante 15 días y que hoy lleva nueve años.
El gusto por coleccionar comenzó para Graciela en los años 90. Entre sus primeras piezas había objetos de Coca-Cola, juegos de té de porcelana, teteras de bronce con baño de plata y distintas curiosidades que fue reuniendo porque, poco a poco, comenzó a interesarse por ellas.
Años después, junto con uno de sus hermanos, decidió poner un bazar. Ambos tenían colecciones y pensaron en reunir algunos de sus objetos para venderlos durante un periodo corto.
La idea era sencilla: abrir durante 15 días.
Pero aquellos 15 días se prolongaron y terminaron convirtiéndose en nueve años.
“Empecé como jugando”, recuerda Graciela al hablar de cómo inició el proyecto.
El bazar se llama El Bazarcito, un nombre que surgió como una forma cariñosa de referirse a aquel pequeño espacio que comenzó como un proyecto temporal y familiar. Con el tiempo, el nombre permaneció, incluso cuando el lugar creció y dejó de ser una actividad pasajera.
Con el tiempo, el bazarcito también comenzó a recibir objetos de otras personas. Algunas piezas pertenecían a su familia, a amigos y conocidos, mientras que otras fueron adquiridas conforme el negocio avanzaba.
Los relojes son parte de los objetos que fueron llegando con los años. En ocasiones, son las propias personas quienes se acercan porque tienen alguna pieza similar y buscan venderla. Así, nuevos objetos se incorporan al bazar y otros salen cuando alguien encuentra en ellos algo que busca.
Su hermano también comparte el gusto por coleccionar, aunque Graciela señala que él tiene una inclinación mayor por los objetos relacionados con la historia.
La variedad del lugar incluye relojes, cuadros, objetos decorativos, piezas de porcelana y otras curiosidades. Los precios también son diversos, desde artículos de 10 pesos hasta piezas que alcanzan los 2 mil pesos.
Para Graciela, la historia comenzó mucho antes de abrir el bazar. Fueron los años de coleccionar, guardar y encontrar objetos los que posteriormente dieron paso a aquel proyecto que nació con una fecha de término muy corta.
Quince días eran suficientes para probar suerte.
Nueve años después, el bazarcito continúa.
El espacio se encuentra en García Obeso 320, detrás de Catedral y antes de llegar a la Pila del Ángel. Permanece abierto de lunes a domingo, de 12:00 a 17:00 horas.
Más que un lugar de compra y venta, el bazarcito se ha convertido en un punto de encuentro para quienes buscan objetos con una historia propia. Cada pieza conserva algo del tiempo en que fue utilizada, guardada o coleccionada, y cada visitante puede encontrar en ella un recuerdo, una curiosidad o una nueva forma de darle continuidad a su historia.
