+ Revisa cinco décadas de disidencia en México
Morelia, Mich. | Agencia ACG.– Desde finales de los años setenta hasta la actualidad, las prácticas artísticas sexodiversas en México han transitado de la vindicación identitaria a la denuncia de problemas de convivencia y violencia estructural. Esa fue la línea central de la conferencia “Lo que se ve, se pregunta. Trazos de la disidencia sexual artística en México”, impartida por el Dr. David Gutiérrez Castañeda en el auditorio del Centro Cultural Clavijero.
“Lo que hice fue una revisión de prácticas artísticas sexodiscidentes en México desde finales de la década de los 70 hasta hoy. No es una historiografía completa, pero traté de dar algunos rasgos del debate, sobre todo cómo ha sido atravesado por la pandemia de VIH-Sida y cómo hay una disputa de la representación entre el sujeto político homosexual y el sujeto político lésbico, que no es lo mismo”, explicó el investigador al término de la charla.
El título, señaló, fue deliberadamente provocador. “Era como tergiversar la enunciación de derechos y de dignidad que hizo Juan Gabriel en el año 2002… preguntarle: ¿qué pasa si nos preguntamos sobre aquello que vemos?”. Para Gutiérrez Castañeda, las imágenes sexodiscidentes “también son imágenes que nos hacen preguntas públicas a la hora que circulan y señalan cosas”.
La conferencia se realizó en el contexto de la exposición del artista Fabián Cháirez, cuyas obras sirvieron como punto de partida para analizar distintas etapas de la representación sexogenérica en el arte nacional.
En términos históricos, el ponente resumió que existe una constante preocupación “por la dignidad de vida”. En un primer momento, dijo, predominaban “pinturas e imágenes vindicativas de las identidades”; posteriormente, surgieron prácticas documentales y de reconocimiento de experiencias de vida sexodiversas, hasta llegar a expresiones contemporáneas que señalan conflictos de convivencia que atraviesan no sólo a personas sexodiversas, sino también a mujeres y otros sujetos políticos.
Sobre la percepción social frente a estas expresiones, el académico fue enfático: “Es una pregunta capciosa. Se han logrado muchas cosas, hay mayor reconocimiento y mayor apoyo a la experiencia de vidas sexodiversas, pero no hay prácticas efectivas de justicia”. Añadió que “la violencia, la homofobia y la discriminación a personas sexodiversas es una experiencia cotidiana y estructural”, pese a los avances legales en materia de libre expresión de la identidad.
“En la vida cotidiana eso no se ha desmantelado. Los ejercicios de moralidad y de juicio sobre la vida de las personas sexodiversas no se han desmantelado en el ámbito laboral, familiar, económico, político o policial”, sostuvo.
En contraste, consideró que el ámbito cultural ha abierto espacios de cuestionamiento. “El ámbito cultural tal vez es el más raro de esta historia, porque se ha permitido cuestionar sus representaciones y, en ciertos gestos singulares, ha logrado integrar y reconocer múltiples diversidades sexogenéricas, raciales y de género”. Mencionó como referente al Museo Universitario del Chopo, así como otras experiencias museísticas que, aunque polémicas, han contribuido a visibilizar estas narrativas.
No obstante, advirtió que la existencia de exposiciones y debates públicos no implica una transformación automática en la convivencia social: “Que sucedan esas experiencias culturales no quiere decir que se haya transformado la experiencia de convivencia en el ámbito público íntimo”.
Con ello, la conferencia dejó abierta la pregunta que la titula: qué ocurre cuando las imágenes no sólo se miran, sino que interpelan, incomodan y obligan a replantear las formas en que se construyen y disputan las representaciones en el espacio público.
