Morelia, Michoacán a 21 de febrero de 2026. A sus 86 años, don Abel Zamudio volvió al lugar donde durante años ha vendido mazapanes, el mismo crucero donde vecinos y automovilistas lo reconocen como parte del paisaje cotidiano de la ciudad. Esta vez, sentado y con paso más lento, pero con la misma intención de mantenerse en movimiento.
Tras la caída que sufrió meses atrás y que lo obligó a una cirugía, el adulto mayor continúa en proceso de recuperación; sin embargo, decidió regresar algunos días a su punto de venta, no solo por ingresos, sino por la necesidad de mantenerse activo.
“Pues aquí, joven, trabajando, joven. Ya voy de salida. Ahorita lo que es karape, pero el martes la va a dar aquí en la clínica, a que me den masajes para mi pie. Sí, es que me duele mucho. Hay que aquí en este lado fue donde me caí y aquí me duele mucho. Por eso me duele mucho”, compartió.
Don Abel explicó que su presencia será únicamente algunos días del fin de semana, mientras continúa con terapias médicas. Permanecer en casa, dice, le resulta más complicado que salir poco a poco.
“Para comer, joven, para comer y junta para la renta, joven… Y nomás nomás voy a venir sábado y domingo. El martes que venir aquí a la clínica que me den masajes… Y en la casa de mi abuelo, joven, ahí me acabo bien rápido, estar acostado. Y me voy muy rápido ahí en la casa. Me vengo, mejor aquí al pasito. Sí, al pasito, ya le digo”, relató.
Más allá del ingreso económico, su regreso refleja una realidad frecuente en adultos mayores: la necesidad de mantenerse activos física y emocionalmente. Para él, caminar, saludar a la gente y mantenerse en movimiento forman parte de su rutina de vida.
Durante su recuperación, asegura haber recibido visitas y muestras de cariño de personas que lo conocen desde hace años en la zona.
“Sí, me han venido mucha gente a visitarme. Les da gusto que andando parando. Sí, cuánto gusto a la gente que bendice a Dios. Me voy a ver por la banqueta, cuando voy para allá para los tacos de canasta y voy para abajo a la banqueta porque están bien feas las banquetas. Voy a por ahí en la calle”, comentó.
La historia de don Abel no solo refleja el esfuerzo de un adulto mayor por seguir adelante, sino también el vínculo que muchas personas construyen con su trabajo y con los espacios públicos donde han pasado gran parte de su vida.
Su presencia, aunque ahora más pausada, mantiene viva una rutina que para él representa independencia, movimiento y sentido cotidiano.