¿Cuánto cuesta trabajar sin inteligencia artificial?

Miryam E. Camacho Suárez.

Una tarea te toma cuatro horas, con inteligencia artificial podrías hacerla en dos. Quizá en una, y la pregunta habitual ha sido cuánto puede ayudarnos la inteligencia artificial. Pero a estas alturas quizá tendríamos que empezar a hacer la cuenta al revés: ¿Cuánto nos cuesta no utilizarla?

Y no hablo de quedarnos atrás, de “adaptarnos al futuro” ni de ninguna de esas advertencias que hemos escuchado tantas veces alrededor de la tecnología, hablo literalmente de dinero.Porque ya hay suficientes estudios como para empezar a ponerle números.

Investigadores de Stanford y MIT estudiaron lo que ocurrió con 5 mil 179 trabajadores de atención al cliente cuando comenzaron a utilizar un asistente de inteligencia artificial, la productividad aumentó 14%.

Pero entre los trabajadores menos experimentados, el incremento llegó al 34%. Los investigadores encontraron además indicios de que la herramienta estaba ayudándolos a incorporar más rápidamente prácticas que normalmente se adquieren con la experiencia.

No fue una encuesta preguntándoles si sentían que trabajaban mejor. Midieron problemas resueltos por hora.

Con programadores ocurrió algo parecido. En un experimento controlado, desarrolladores que tuvieron acceso a GitHub Copilot terminaron una tarea de programación 55.8% más rápido que quienes tuvieron que resolverla sin esa asistencia.

Y después está lo que está ocurriendo fuera de los experimentos. La Reserva Federal de St. Louis analizó el uso de inteligencia artificial generativa entre trqbajadores estadounidenses. Entre quienes ya la utilizaban, el ahorro promedio reportado equivalía al 5.4% de sus horas de trabajo, en una jornada de cuarenta horas son aproximadamente 2.2 horas por semana.

Entre quienes utilizaban IA todos los días, uno de cada tres decía estar ahorrando cuatro horas o más semanalmente.

Los investigadores hicieron además una estimación interesante: durante las horas en las que efectivamente utilizaban inteligencia artificial generativa, la productividad podía ser aproximadamente 33% mayor.

Los porcentajes de mejora en la eficiencia son distintos porque los trabajos también lo son,pero cuando distintos experimentos, con distintas personas, profesiones y metodologías empiezan a encontrar mejoras medibles, hay una pregunta económica que ya no podemos evitar: ¿Cuánto estamos pagando por seguir haciendo manualmente trabajo que ya podría hacerse en menos tiempo?m

Más aún,  si un vendedor utiliza ese tiempo para cerrar una venta, si un abogado puede atender otro asunto, si una persona de administración deja de capturar datos para revisar por qué los costos están aumentando o si un director utiliza esas horas para tomar una decisión que llevaba semanas postergando, el valor no está solamente en el tiempo ahorrado, está también en lo que ahora puede hacerse con él, ahí empieza a tener sentido hablar de una economía del pensamiento. 

Las empresas llevan décadas cuidando el costo de la electricidad, la renta, los inventarios, los salarios, los insumos, y quizá tendríamos que empezar a mirar con el mismo cuidado en qué estamos gastando la capacidad de pensar de las personas que trabajan con nosotros, porque también cuesta.

Y seguir haciendo durante cuatro horas algo que hoy puede resolverse en una no es necesariamente una muestra de esfuerzo, puede ser simplemente una muy mala asignación de recursos.

Hasta aquí parecería que la conclusión del artículo es: Hay que utilizar inteligencia artificial en todo lo que podamos. Pero no.

Porque esta misma semana ocurrió algo que nos obliga a mirar el problema desde el otro lado.

El lunes 10 de agosto, un terremoto de magnitud 7.4 sacudió el occidente de Colombia. El Servicio Geológico Colombiano ubicó su epicentro en San José del Palmar, Chocó, a una profundidad aproximada de 103 kilómetros. Fue el evento sísmico de mayor magnitud registrado instrumentalmente en esa zona del país.

Dos días después, las labores de rescate siguen. Reuters reportacerca de 250 personas fallecidas, miles de heridos, más de 9 mil 500 viviendas destruidas y decenas de miles de familias afectadas. Las cifras sigue cambiando mientras continúa la búsqueda de sobrevivientes.

Y viendo todo aquello aparece una pregunta casi inevitable: tenemos sistemas capaces de revisar cantidades gigantescas de información, encontrar patrones que nosotros no vemos, analizar imágenes ¿Y no podemos saber que mañana va a temblar?

La respuesta corta es, todavía no.

Pero la inteligencia artificial no falló en informar sobre el terremoto de Colombia, simplemente no sabemos predecir terremotos. Ni con inteligencia artificial ni sin ella.

El Servicio Geológico de Estados Unidos lo explica de una manera bastante clara: para hablar realmente de predicción tendríamos que poder establecer anticipadamente tres cosas: cuándo ocurrirá el terremoto, dónde ocurrirá y qué magnitud tendrá.

Lo que sí podemos hacer es calcular probabilidades de que determinados eventos ocurran en determinadas regiones y periodos, y eso no significa que la tecnología no sirva para los terremotos, sirve y mucho.

Los sistemas de alerta temprana pueden detectar un terremoto después de que ya comenzó y transmitir la información más rápido de lo que las ondas sísmicas llegan a lugares más alejados y eso puede darnos valiosos segundos, suficientes para detener un tren, cerrar determinados sistemas, emitir una alerta o permitir que alguien se proteja.

Sin embargo, quizá estamos aprendiendo que con la inteligencia artificial podemos equivocarnos en dos direcciones, podemos subestimarla. Pensar que no sirve para nuestro trabajo, pero tambien podemos sobreestimarla, pensar que puede hacerlo todo, y no.

El terremoto de Colombia es un recordatorio bastante duro de eso. Tenemos una tecnología extraordinariamente poderosa y, al mismo tiempo, seguimos viviendo en un mundo lleno de problemas que todavía no sabemos resolver.

No me parece una contradicción, me parece una frontera. Entonces nuestro mayor reto no sea aprender simplemente a utilizar inteligencia artificial, sino saber cuándo utilizarla y hasta dónde confiar en ella