Morelia, Mich. | Agencia ACG.- Caminar por Morelia es también mirar hacia las espaldas. En camiones, plazas, escuelas y calles del Centro Histórico, las mochilas se han convertido en una extensión visible de la personalidad de quienes las cargan. No son solo objetos utilitarios: hoy funcionan como pequeños altares móviles donde cuelgan gustos, afectos, referencias culturales y estados de ánimo.
Peluches diminutos, figuras de plástico, llaveros coloridos, personajes animados, amuletos, cadenas y hasta juguetes sorpresa sobresalen de los cierres. Cada mochila parece contar algo distinto. Hay quienes optan por un solo adorno discreto y quienes saturan el espacio con varios colgantes que chocan entre sí al caminar, como si anunciaran su presencia antes de que la persona llegue.
Aunque estos accesorios pueden llamarse de muchas formas, desde llaveros hasta charms o pequeños peluches, en la práctica funcionan como símbolos personales. Algunos remiten a la infancia, otros a modas recientes, a fandoms, a recuerdos o simplemente al gusto por lo llamativo. No hay una regla clara: la combinación depende del estilo, la edad y la forma en que cada quien decide mostrarse ante los demás.
En Morelia, esta tendencia se mezcla con el tránsito cotidiano: estudiantes rumbo a clases, jóvenes en bicicleta, personas esperando el camión bajo el sol del mediodía o el frío de la mañana. Las mochilas decoradas aparecen como un gesto íntimo en el espacio público, una manera silenciosa de decir “así soy” sin necesidad de palabras.
Más que una moda pasajera, estas mochilas adornadas revelan una necesidad de personalizar lo que se usa todos los días, de romper con lo uniforme y dejar una marca propia, aunque sea pequeña y colgada de un cierre.