Pátzcuaro, Michoacán
De cempasúchil, papel picado y velas se ha vestido Pátzcuaro para recibir a las ánimas de los fieles difuntos que durante la noche del 1 al 2 de noviembre regresan por ‘un ratico, un momentico’, a sus hogares, pero también a los miles de visitantes y turistas que disfrutan de una de las más bellas tradiciones de México, en el corazón donde ésta palpita con más fuerza y vigor.
Desde las vías carreteras se nota que es temporada de Noche de Muertos, con largas filas de vehículos, autobúses y camiones que transportan pasajeros, arcos florales y un ambiente festivo, a la vez que nostálgico.
En las plazas, en las calles, los automotores circulan con dificultad y muchos optan por andar, sin dejar de mirar aparadores, escaparates y decoraciones.
Pátzcuaro pareciera un pedacito de la mítica Babel, con voces en inglés, en purépecha, en español, en italiano, en francés, en coreano, en chino, en alemán, y en mil idiomas más.
Restaurantes y fondas llenos, cocinas tradicionales a tope, el vendedor de corundas entre los más buscados y las nieves de pasta, con largas filas de clientes.
El tianguis artesanal, un microcosmos de arte popular, donde lo mismo encuentras una vela con forma de pan de muerto, tan real que se antoja un mordisco, que servilletas bordadas en punto de cruz, derivados de la miel, máscaras de madera, y mucha indumentaria tradicional.
Y es que en la Noche de Muertos, el corazón de México late con fuerza y vigor en Pátzcuaro y sus alrededores, al amor de un altar que espera a su visitante ultraterreno, con el amor a mil.