Félix Madrigal/ACG – Morelia, Michoacán

Desde niño, Emmanuel Altamirano encontró en la pintura un refugio y una manera de expresarse. Su primer contacto con el arte fue en la primaria, gracias a las clases de educación artística. Curiosamente, todo comenzó porque su padre se quejó de que los pusieran a coser, y así, la escuela cambió las agujas por pinceles. “Ahí empecé a pintar, y en secundaria hice mi primer mural con unos amigos, fue algo que me marcó”, recuerda.

Inspirado por el graffiti, el hip hop y la cultura del skateboarding, Emmanuel encontró su voz en las calles y en los murales. Cada obra que crea busca transmitir una experiencia estética: algo que haga sentir, pensar o simplemente detenerse a mirar.

“Lo que busco es que la gente sienta algo, que le guste o no, pero que deje huella”, comparte.

Su proceso creativo es tan espontáneo como su personalidad. A veces pinta animales, otras formas abstractas, siempre siguiendo su instinto y trabajando en varias ideas a la vez para mantener viva la chispa de la inspiración. “Me gusta no aburrirme de una sola cosa y probar siempre cosas nuevas”, dice.

Tras años de trabajo constante, Emmanuel reconoce la importancia de seguir creciendo. “La idea es que cada obra sea mejor que la anterior, aunque no siempre se logra, pero eso te impulsa a buscar nuevos caminos”, afirma.

La creación del colectivo Ulala es un espacio donde él junto con otros dos artistas desarrollan murales y proyectos de diseño. “Ese colectivo ha sido muy importante para mí, porque hacemos arte juntos y compartimos ideas”, explica con orgullo.

Sobre el muralismo y el arte urbano, Emmanuel tiene una visión clara: son formas de expresión necesarias, aunque no siempre comprendidas. “Hay gente a la que no le gusta despertar y ver su casa rayada, pero todo nace de una necesidad de expresarse. Hacer un mural o un tag es distinto, pero ambos nacen de lo mismo: de la urgencia de comunicar lo que llevamos dentro”, reflexiona.

Y aunque no busca grandes reconocimientos, su próximo sueño es simple y profundo: seguir pintando y viajar, conocer nuevos lugares y personas, y aprender de cada experiencia. “Ya lo he hecho, pero quiero hacerlo más. Cada mural, cada viaje, me enseña algo nuevo”, concluye.

Con cada trazo, Emmanuel Altamirano deja su historia en los muros, recordando que el arte es más que colores y formas: es vida, emoción y la libertad de expresarse.