Asaid Castro/ACG – Morelia, Michoacán
Sobre la avenida Madero, a un costado del IMSS y poco antes de que el tránsito se abra hacia el monumento a Lázaro Cárdenas, un templo rompe con la silueta colonial que domina el Centro Histórico. Sus líneas rectas, los patrones geométricos y una fachada que mezcla cantera con formas modernas hacen que cualquiera se detenga a mirar dos veces su interior.
Es la parroquia de Mater Dolorosa, desde hace más de medio siglo recibe a fieles que entran desde el poniente de la ciudad en busca de silencio, oración o simplemente un momento de descanso.
Afuera pasan camiones, taxis y comerciantes que salen del Centro Histórico. Pero al cruzar la puerta del templo el ruido de la avenida se diluye entre los muros altos y la luz que atraviesa los vitrales. El interior es amplio, luminoso y distinto a la mayoría de iglesias morelianas.
El padre José Trinidad Lomelí Ochoa, párroco del lugar y sacerdote desde hace 46 años, explica en entrevista que la diferencia no es casual. La idea nació de la imaginación del padre Andrés Hernández Ochoa, el primer párroco de esta comunidad, quien soñó con levantar aquí un templo diferente.
“Él era un hombre abierto, conocía iglesias de Europa y tenía mucha imaginación”, recuerda el sacerdote mientras señala los vitrales y las formas geométricas que recorren el interior del edificio.
La estructura está llena de rombos, triángulos y figuras que, explica, también tienen un significado simbólico dentro de la tradición cristiana, siendo que las formas triangulares representan la divinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo.
El exterior del templo también refleja ese intento de dialogar entre lo moderno y lo tradicional. Desde lejos parece un gran cubo revestido con láminas de cantera, material que mantiene la armonía con la ciudad de piedra rosa, aunque el diseño sea claramente contemporáneo.
Un templo nacido del esfuerzo de la comunidad
La construcción comenzó cuando Morelia empezaba a expandirse hacia el poniente, hace alrededor de siete décadas. El proyecto tardó cerca de 20 años en levantarse y, según el padre Lomelí, fue posible gracias al esfuerzo colectivo de la comunidad.
Carretillas, faenas y pequeñas colectas marcaron el ritmo de la obra. Niños recorrían las colonias con botecitos para reunir monedas mientras los vecinos aportaban trabajo o materiales, y tal cual “fue el sacrificio de mucha gente”, resume el sacerdote.
Antes de este templo, en la zona existía una pequeña capilla antigua que servía como punto de descanso para los cortejos fúnebres que se dirigían hacia el panteón municipal. Con el paso del tiempo, aquella construcción quedó atrás y en su lugar surgió el proyecto del padre Andrés.
El sacerdote recuerda esa historia con una imagen casi poética.
“De vez en cuando decimos que la sombra del padre Andrés todavía aparece por aquí”, comenta, como una forma de decir que su obra sigue viva en el templo que imaginó.
Hoy el templo cumple más de seis décadas en pie. Cada 27 de diciembre se celebra su aniversario, fecha elegida para coincidir con la festividad de San Juan Evangelista, figura que, según la tradición bíblica, acompañó a la Virgen María al pie de la cruz.
La advocación principal del recinto es precisamente la Virgen de los Dolores, cuya fiesta se celebra el viernes previo a la Semana Santa. Ese día, explica el párroco, llegan fieles que buscan consuelo en medio de enfermedades, preocupaciones familiares o problemas cotidianos.
“Las lágrimas de las madres por sus hijos, las penas que más destrozan el alma, todo eso viene aquí”, dice el padre Lomelí.
En el interior del templo también se conserva una representación poco común: una imagen conocida como la Virgen del Apocalipsis, inspirada en el pasaje bíblico que simboliza el triunfo final de la Iglesia.
Es un detalle, no precisamente discreto dentro del conjunto arquitectónico, y que suele llamar la atención de quienes recorren el recinto por el tamaño de la imagen, que se encuentra al costado izquierdo del altar.
Un punto de paso en la ciudad
Más que un templo de barrio, Mater Dolorosa se ha convertido en un punto de referencia dentro de la dinámica urbana. Su ubicación, en uno de los accesos principales al Centro Histórico, hace que por sus puertas pase gente de distintos rumbos de la ciudad.
Por la avenida Madero confluyen rutas que llegan desde Quiroga, el sur de Morelia y la zona comercial cercana al mercado Independencia. Muchos entran solo unos minutos, hacen una oración breve y continúan su camino.
Los domingos el movimiento es constante. La parroquia celebra hasta siete misas a lo largo del día y algunas de ellas, especialmente la de la tarde, suelen llenarse por completo, pues “siempre hay puertas abiertas”, dice el sacerdote.
El templo también ha recibido reliquias y visitas religiosas importantes para la comunidad, como las de San Bernabé, San Juan Pablo II, San Judas Tadeo o San Joselito, joven mártir de la Guerra Cristera.
Aunque el edificio se mantiene sólido, uno de los retos actuales es la torre del templo, que remata la fachada principal y se levanta como punto de referencia sobre la avenida Madero. Debido a la cercanía con una falla geológica que atraviesa esta zona de la ciudad, la estructura presenta una ligera inclinación. El propio párroco explica que el movimiento es mínimo, apenas perceptible para la mayoría de los visitantes.
“Serán unos dos o tres grados, no es mucho”, comenta el padre Lomelí, quien señala que la torre se mantiene bajo monitoreo constante para observar cualquier variación con el paso del tiempo.
A pesar de ello, la base del templo permanece firme. Según explica el sacerdote, la construcción fue pensada con una cimentación profunda: los muros se hunden hasta unos 15 metros bajo tierra y en algunos puntos alcanzan casi un metro de grosor, lo que mantiene estable la estructura principal.
Entre vitrales que filtran la luz de la tarde y bancas que se llenan poco a poco, Mater Dolorosa sigue cumpliendo el propósito con el que fue pensada: ser una iglesia de puertas abiertas para quienes entran a Morelia desde el poniente y buscan, aunque sea por un instante, un lugar de calma en medio de la ciudad.