Erongarícuaro, Michoacán
¿No oyes ladrar los perros? Caminan entre las tumbas, fieles acompañantes de las familias que velan en el panteón del templo de Santa María Natividad, en Arócutin, esta Noche de Muertos.
Pasan junto a las flores de cempasúchil que decoran las últimas moradas de padres, madres, abuelos, hijos o hermanos, y olisquean el pan y la fruta a las ánimas destinadas, mientras ignoran los licores que penden de los arcos florales.
En cambio, pareciera molestarles el sonido de las cámaras de video o fotografía que les apuntan, o que cerca de ellos capturan el momento.
Los perros, testigos del ceremonial que reúne a vivos y muertos por unos instantes, para un abrazo más, para una tregua a la distancia.
Los perros, que no se alejan de los puestecitos con pozole, café de olla y uchepos, las tiendas de abarrotes aún abiertas y la iglesia, con paso libre a devotos y turistas.
¿No oyes ladrar los perros? Hemos llegado a Arócutin, donde el amor se vuelve guardia en silencio, crepitar del fuego y un pedacito de pan compartido.