Compra menos. El mejor residuo es el que nunca se produce.

Marisol Del Toro Orozco / Embajadora de Movimiento Circular.

Definitivamente la tierra no nos necesita. Quienes la necesitamos somos nosotros. Todas y cada una de nuestras acciones tienen una repercusión directa sobre el medio ambiente,  sobre el cambio climático,  sobre la generación de residuos y sobre nuestra vida. En pleno 2025, somos la sociedad que ha alcanzado un tope de consumismo histórico, y  esto se nota especialmente en los residuos que generamos y que se quedan dentro del planeta. Y pareciera que no nos importa. 

Antes de entrar en el debate sobre la conciencia y el privilegio de tomar decisiones sostenibles, te propongo un ejercicio mental muy simple:  piensa en lo último que compraste y ya que lo tengas localizado responde estas preguntas.

 ¿Qué país lo fabricó? ¿Cuál fue su costo de producción? ¿De que material está hecho? ¿Desde que país lo enviaron a tu casa o a la tienda?  ¿Qué problema o necesidad te resolvio? ¿Lo que pagaste realmente representa el valor del producto? ¿Cuántas veces lo vas a utilizar?   Y lo mas importante:  ¿Tu vida cambió y eres mas feliz desde que lo adquiriste?

Si la respuesta a la última pregunta es SI, puedes dejar de leer. Por el contrario, si es NO, te invito a continuar aquí y reflexionar sobre cómo es que el sistema actual nos impulsa y  casi nos obliga (por moda o presión social) a consumir más objetos de los que podemos usar en toda nuestra vida y nos hace creer que vamos a ser mas felices solo por eso. 

Un ejemplo cotidiano podrían ser los zapatos. Hace 40 años,  las personas en general tenían únicamente cuatro pares de zapatos en promedio, que podríamos clasificar así:  unos para trabajar o ir a la escuela , unos para hacer deporte,  unos para uso diario y unos para eventos sociales (pensando en los afortunados, ya que había algunos que solo podían poseer un par). Únicamente hasta que se terminaban o cambiaban de talla, compraban un nuevo par, e incluso en muchos hogares, los zapatos los usaba en segunda vuelta algún otro integrante de la familia. Actualmente hay personas que tienen hasta 100 pares de zapatos y los van sumando y acumulando (o coleccionando si te gusta más el término). 

Los materiales han bajado también de calidad y por lo tanto se deterioran más rápido, por lo que todos esos zapatos que están guardados en el closet (o en su lugar especial para exhibirlos) se van deteriorando por la propia caducidad de los insumos y terminan inservibles en pocos años (que tire la primera piedra aquel que nunca guardó un par nuevo para usarlo solo en “ocasiones especiales” y terminó sin poderselos poner mas que una vez). Es una realidad, una persona para desgastar todos esos pares de zapatos tendría que caminar miles de kilómetros al mes, lo que es prácticamente imposible. 

Actualmente nos enfrentamos a la economía lineal cómo un sistema que ya no es sostenible. Este modelo de producción, que consiste en extraer, producir, consumir, usar y desechar,  ha perdurado cerca de 300 años y se observa casi obsoleto. Nos estamos acabando los recursos naturales, nos estamos acabando los ecosistemas (con la flora y la fauna que habitan en ellos), nos estamos acabando a las personas. Este sistema consumista lineal no deja espacio para nada más. De manera literal y metafórica ocupa todo el espacio de nuestra mente y todo el espacio de nuestra vida y de nuestro hogar.

La economía circular propone que tanto los productos como los servicios sean diseñados para no dejar residuos permanentes. Es decir, para que cada una de las cosas que se fabriquen, desde su origen tengan un diseño inteligente que permita reutilizar una y otra vez al material. Evidentemente esto involucra diferentes procesos que necesitan la colaboración de todos. Desde el diseñador que piensa en la idea, el ingeniero que diseña la máquina y el sistema de producción hasta el empresario,el distribuidor y al final, el consumidor.  Y en este sistema,  cada una de las cosas que existen podrían volver a ser reutilizadas o recicladas. Tenemos la falsa idea de que las personas en nuestros hogares reciclamos cuando en realidad no es así. Nosotros, los consumidores, únicamente separamos los residuos, el reciclaje lo hacen las empresas que se dedican justo a eso. Esta sensación de que “reciclamos” nos hace creer que “es suficiente” cuando en realidad es solo una de las posibilidades para la sustentabilidad, además de rechazar, repensar, reducir, reutilizar, reparar y regenerar.  

Estas pequeñas acciones nos pueden ir dando un camino para comenzar a transicionar a una economía circular y sumar a mas personas a nuestro alrededor a este cambio urgente.  La circularidad no es solo una estrategia ambiental, es un camino hacia una vida más justa, digna y saludable para todos.

Asi que, definitivamente la tierra no nos necesita. Quienes la necesitamos para poder vivir somos nosotros, la especie humana. Ha llegado el momento de cuestionarnos y preguntarnos ¿Qué estamos dispuestos a cambiar para tener mejor calidad de vida mientras habitamos la tierra? No es mañana, es hoy. 

Para empezar hoy mismo, te propongo cinco ideas para el día a día: 

  1. Recicla y comparte todo lo que puedas. haz intercambios de ropa, de objetos decorativos, de libros… casi todo puede tener una segunda oportunidad en otra casa.
  2.  Prioriza la reparación sobre lo nuevo.  si algo no sirve o tiene alguna falla que puede componerse siempre podremos buscar opciones para reparar antes de renovar. 
  3. Habla sobre la Economía Circular. Con tus amigos, familiares y conocidos comienza la difusión del conocimiento, cuéntales las prácticas que para ti han sido útiles. Entre más se hable del tema , más presente estará en el lenguaje cotidiano y en las acciones cotidianas.
  4. Infórmate de la situación medioambiental actual. Para poder dimensionar lo que sucede a tu alrededor, es necesario saber qué esta pasando en el mundo. Esto abre la mente y las perspectivas y nos convierte en consumidores más conscientes. 
  5. Compra menos. El mejor residuo es el que nunca se produce. Pregúntate: “¿Lo necesito realmente? ¿Vale el dinero y el esfuerzo que me costó ganarlo?” Pensemos en esto: Nada se desintegra o desaparece. Todo lo que producimos y consumimos termina en alguna otra parte del mundo, aunque no podamos (o queramos ) verlo.