TRANSFORMANDO

“La economía depende de aquello que el discurso niega”

En la política mexicana hay una tentación constante: convertir la complejidad en certezas absolutas, todo se reduce a extremos; soberanía o inversión; Estado o mercado; patriotismo o traición; pero la realidad no funciona así, la economía global no es un campo ideológico, es una red de interdependencias, los países no eligen entre abrirse o cerrarse, están obligados a convivir con ambas cosas al mismo tiempo, México lo sabe, aunque no siempre lo admita.

Por un lado, el discurso insiste en la soberanía energética y en la autosuficiencia, por el otro, la economía depende profundamente del T-MEC, acuerdo que explica cerca del 80% de las exportaciones mexicanas y una parte central de nuestro crecimiento, no es contradicción, es estructura.

Pero hay datos más incómodos.

México importa más del 60% del gas natural que consume, principalmente de Estados Unidos, ese gas no es secundario: sostiene una parte crítica de la generación eléctrica y de la actividad industrial del país, es decir, mientras se habla de soberanía, la base energética nacional depende del exterior.

Y no es el único caso.

México impulsa el mercado; patriotismo, que ha traído más de 35 mil millones de dólares anuales en inversión extranjera directa en los últimos años.

Se critica la dependencia, pero se necesita el capital; se defiende la autosuficiencia, pero se opera en integración.

Eso no es ideología…. es realidad económica…. y no es exclusivo de un gobierno.

El PAN impulsó la apertura, pero protegió sectores clave; el PRI promovió reformas estructurales, pero mantuvo control político; Morena habla de soberanía, pero gobierna dentro de una economía globalizada.

No hay pureza ideológica en el poder, hay adaptación; el problema no es ese pragmatismo, el problema es negarlo.

Se construyen narrativas para presentar decisiones complejas como convicciones absolutas, se le dice a la sociedad que existe una elección clara entre modelos, cuando en realidad lo que hay es una dependencia estructural que obliga a combinar ambos.

Y esa simplificación tiene consecuencias, porque se promete autosuficiencia en un país que importa energía y se cuestiona la inversión extranjera en una economía que depende de ella y se habla de soberanía absoluta en un sistema profundamente interconectado.

Eso no es coherencia, es una narrativa que no resiste los datos y cuando el discurso se separa de la realidad, lo que se genera no es debate, es desconfianza.

Aceptar que México necesita inversión extranjera y fortalecer sectores estratégicos no es una contradicción, es una condición estructural y aceptar que la soberanía tiene límites en un mundo interconectado no es debilidad, es realismo.

Por eso el problema no es elegir entre apertura o soberanía, el problema es fingir que esa elección existe.

Cuando la política convierte los matices en dogma, deja de explicar el mundo y cuando deja de explicarlo, empieza a distorsionarlo, ese es el riesgo político.

Una democracia no se debilita cuando reconoce su complejidad, se debilita cuando decide ignorarla y en México hoy, el problema no es la falta de modelo, es la simulación del modelo.

No somos un país autosuficiente que decide abrirse, somos un país dependiente que finge no serlo.

Y cuando un país necesita fingir para sostener su discurso, lo que entra en crisis no es la economía, es la credibilidad.

… dice Trump que quiere una Delcy Rodriguez en Irán, ¿sólo en Irán?
… 32 años después del asesinato de Colosio y seguimos especulando con el segundo tirador

Es tiempo de los ciudadanos …. ¡¡¡¡que sabemos matizar!!!!

El autor es empresario, analista y expresidente de la Canacintra.