Morelia, Michoacán

“¡Estos canijos, hasta los caballos se trajeron!”, comentó un transeúnte al observar a los elementos de la Guardia Civil montados a caballo, como parte del operativo desplegado para impedir que los integrantes del Frente Nacional de Lucha por el Socialismo (FNLS) lleguen al Centro Histórico de Morelia.

Cada año, por estas fechas, los integrantes del FNLS acostumbraban instalarse en la plaza Melchor Ocampo, donde levantaban su campamento y su tradicional tianguis. Entre lonas, puestos y consignas, permanecían varios días en uno de los espacios más concurridos de la capital michoacana.

Y, como cada año, tampoco faltaban las quejas. Principalmente de comerciantes del Centro Histórico y promotores de actividades culturales, quienes señalaban que la presencia del campamento afectaba sus actividades y alejaba a los turistas.

Pero del otro lado había una postura distinta. Para los integrantes del FNLS, ocupar la plaza era parte de su derecho a manifestarse, hacerse visibles y exigir atención a sus demandas. Dos maneras de entender el uso del espacio público que, año tras año, terminaban encontrándose en el corazón de Morelia.

Esta vez, sin embargo, el escenario parece distinto.

Las autoridades estatales y municipales han sumado esfuerzos para evitar que el campamento vuelva a instalarse. Elementos de la Guardia Civil y de la Policía Morelia mantienen un operativo en las inmediaciones del Monumento a Lázaro Cárdenas y los accesos al Centro Histórico.

Hay patrullas, uniformados, cierres de circulación y hasta elementos de la Guardia Civil montados a caballo. Todo dispuesto ante la posible llegada de contingentes de organizaciones sociales y del magisterio.

Mientras tanto, maestros de las zonas indígenas marchan hacia Casa de Gobierno, donde tienen prevista una mesa de negociación. Su movilización ocurre precisamente este 12 de octubre, una fecha cargada de significado histórico para los pueblos originarios, que aprovechan la jornada para reivindicar su identidad, sus principios y el respeto a sus culturas.

En medio de este movimiento de organizaciones, policías y manifestantes, la avenida Madero se convierte nuevamente en escenario de una disputa que va más allá de permitir o impedir la instalación de un tianguis.

Para unos, se trata de recuperar los espacios públicos, garantizar la circulación y evitar afectaciones a las actividades comerciales y culturales. Para otros, de defender el derecho a la protesta y mantener una presencia que durante años ha formado parte de sus jornadas de lucha.

Por ahora, los uniformados permanecen en sus posiciones, los caballos esperan y los accesos al primer cuadro de la ciudad se mantienen vigilados.

Habrá que ver si este año la plaza Melchor Ocampo queda libre de lonas y puestos o si, como ha ocurrido en otras ocasiones, la protesta termina por encontrar su propio espacio.

Porque en Morelia, cada 12 de octubre, además de recordar la historia, también se escribe un nuevo capítulo de las disputas por sus plazas y calles.