Alfredo Soria/ACG – Morelia, Michoacán
Felipe Fausto Zenil Ongay no llegó a la docencia con una ruta trazada. Antes fue un joven atraído por el cine, la actuación y la fotografía, que estudió Ciencias de la Comunicación en la Universidad Vasco de Quiroga (UVAQ) porque en Morelia había pocas opciones para acercarse al mundo audiovisual.
Años después volvió a esas aulas, ya no como estudiante, sino como maestro. Tras cursar un máster en España en fotografía de publicidad y moda, regresó a Morelia con la idea de dedicarse a la imagen. La oportunidad de dar clases apareció casi por accidente, sin saber que terminaría marcando su camino. Trece años después, aquella decisión se convirtió en su oficio.
“Empezó como un ‘vamos a ver qué pasa’ y se terminó convirtiendo en mi pasión”, recuerda.
Hoy imparte en la UVAQ materias como fotografía básica, taller de iluminación, fotografía aplicada, taller de sonido y doblaje, además de taller de rodaje de ficción. En sus clases, la cámara no es solo una herramienta técnica: es una forma de mirar.
Construir la mirada
Zenil Ongay insiste a sus alumnos en que una fotografía no se resuelve únicamente con apretar un botón. Detrás de una imagen hay luz, encuadre, color, pose, intención y paciencia. La fotografía de moda y publicidad lo atrapó precisamente por esa posibilidad de construir casi todo antes de disparar. Incluso cuando se busca naturalidad, dice, hay trabajo detrás.
“Sale perfecto, sale natural, pero porque lo estás haciendo perfecto”, explica.
Algo similar ocurre con el doblaje. Para él, la voz también debe aprender a actuar. No se trata solo de hablar frente a un micrófono, sino de entender quién habla, desde dónde habla y qué emoción sostiene cada frase. Por eso, cuando trabaja con sus alumnos, les pide pensar como actores: una persona tímida no reacciona igual que alguien iracundo; un personaje no puede cambiar de voz o intención de una escena a otra; una pausa, una respiración o un silencio también cuentan.
“Tienes que entender y conocer tu personaje para darle esa intención. No solo es hablar, sino meterte en el personaje”, señala.
Enseñar desde el acompañamiento
Su forma de enseñar no se sostiene únicamente en la exigencia técnica; también parte del acompañamiento. Reconoce que las generaciones han cambiado y que mantener la atención en el aula implica más que dominar un tema. Hay que motivar, preguntar, corregir sin aplastar y ayudar al estudiante a no rendirse cuando algo no sale a la primera.
En vez de cerrar una crítica con un “está mal”, suele abrir una posibilidad: “¿Qué tal si pruebas esto?”, “¿Y si lo haces de otra manera?”, “¿Qué más podrías intentar?”.
“Lo que me encanta es que cuando ven los resultados, se emocionan”, cuenta. Esa emoción, dice, puede cambiar una clase. Un alumno que se bloquea frente a una foto fallida puede volver a intentarlo si encuentra otra ruta: mover la luz, cambiar el ángulo, ajustar la pose o mirar de nuevo.
La tecnología como aliada, no como sustituto
En la UVAQ también ha tenido que adaptarse a los cambios tecnológicos. Muchos jóvenes llegan con facilidad para usar el celular o la tableta, pero no siempre con experiencia en programas de edición o trabajo frente a una computadora. A eso se suma la inteligencia artificial, que ya forma parte del aula.
Zenil Ongay no la rechaza; prefiere enseñarla con reglas. Pide a sus alumnos mostrar el prompt, el resultado que les dio la herramienta y el trabajo final, para distinguir entre usar la IA como apoyo o entregarle por completo el proceso creativo.
“Yo sé que van a usar inteligencia artificial; de eso no hay duda. Pero quiero que entiendan que es una herramienta, no el proyecto final”, afirma.
Para él, prohibirla solo empuja a usarla a escondidas. En cambio, incorporarla permite discutir sus límites y aprovecharla para organizar ideas o generar mood boards, sin sustituir la mirada del estudiante.
Actualizarse para no quedar fuera
Esa preocupación resume buena parte de su visión docente: actualizarse para no quedarse fuera del mundo que los alumnos ya habitan. Sigue fotógrafos, revistas, tendencias de iluminación y contenidos en redes sociales, no solo por interés personal, sino para entender cómo cambia el lenguaje visual.
“Si no nos mantenemos actualizados, el mundo nos va a comer”, advierte.
A los 40 años, Felipe Fausto Zenil Ongay habla de la docencia sin poses solemnes. No se presenta como un maestro que siempre tuvo claro su destino, sino como alguien que encontró en el aula una forma de unir sus pasiones: cine, fotografía, voz, moda, sonido y actuación.
Desde las aulas de la UVAQ, enseña técnica, pero también algo más difícil de medir: mirar con intención, escuchar con atención y entender que una buena imagen, una buena voz o una buena idea casi nunca salen a la primera.
“Lo que busco siempre es que aprendan algo. Si se quedan con algo, para mí ya es un éxito”, concluye.