Eugenio Mercado López representa un perfil de académico comprometido con la gestión del patrimonio, que combina la investigación rigurosa, la docencia y la participación directa en políticas públicas

Eugenio Mercado mira a la Morelia de hoy con una mezcla de nostalgia y preocupación, pero también con esperanza. Cuando era niño, según dice, la ciudad tenía límites muy claros, en la que el centro era el punto de reunión de la sociedad moreliana en torno a un patrimonio que consideramos común. “Era una ciudad pequeña, tranquila, de una paz que ahora cuesta trabajo imaginar”.

Advierte que, como todas las capitales del país, Morelia creció de manera desordenada, sin una planificación adecuada y sin una visión de largo plazo. “Eso es innegable”, señala en entrevista. “Sin embargo, precisamente el mirar hacia ese pasado nos sirve para preguntarnos cómo queremos construir la Morelia del futuro: una ciudad más ordenada, con mejores posibilidades de desarrollo y más habitable”.

Por ello, pugna porque el centro histórico recupere la idea de antes y de que sea, incluso, un centro de protesta y un escenario de expresión pública. “Podemos estar o no estar de acuerdo con estas expresiones, pero el centro histórico de Morelia debe seguir siendo un centro de identidad para todas las corrientes de pensamiento”.

Nacido en Morelia en 1959, Eugenio Mercado López representa un perfil de académico comprometido con la gestión del patrimonio, que combina la investigación rigurosa, la docencia y la participación directa en políticas públicas para la restauración y conservación del legado histórico de Michoacán, particularmente de su capital.

Es arquitecto por la Universidad Autónoma de Guadalajara. Obtuvo la maestría en Arquitectura, Investigación y Restauración en la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (UMSNH) y el doctorado en Arquitectura por la Universidad de Guanajuato. Se incorporó como profesor por horas a la Facultad de Arquitectura de la UMSNH en 1985 y, desde 2010, es profesor investigador de tiempo completo en la misma institución, donde ha ocupado diversos cargos directivos y es Nivel I del Sistema Nacional de Investigadores e Investigadoras (SNI).

Sus líneas de investigación se centran en la arquitectura y el patrimonio cultural, con énfasis en legislación, políticas públicas y turismo en sitios patrimoniales. Ha participado en proyectos nacionales e internacionales, y sus resultados se han difundido en libros, capítulos y artículos en publicaciones de México y el extranjero.

Entre 1987 y 1996 colaboró en la Secretaría de Turismo de Michoacán. Entre 2008 y 2010 fue jefe del Departamento de Control y Restauración en la Secretaría de Cultura de Michoacán. Pertenece al ICOMOS mexicano, a la Red CONACYT de Centros Históricos de Ciudades Mexicanas y a la Red de Estudios de la Historia del Turismo en México.

Ha sido un actor clave en la preservación del patrimonio moreliano. Participó en la comisión que elaboró el expediente para la declaratoria del Centro Histórico de Morelia como Patrimonio Mundial de la UNESCO. Es coautor de la Declaración retrospectiva del Valor Universal Excepcional (VUE) presentada ante la UNESCO en 2010. Actualmente representa al ciudadano en el Consejo Consultivo de Sitios Patrimoniales y Zonas de Transición del Ayuntamiento de Morelia y fue representante de la UMSNH ante la asociación civil “Centro de Interpretación de la Ruta Don Vasco, A.C.” (2015-2025).

“La gestión para declarar a Morelia Patrimonio Mundial de la UNESCO en 1991 fue un proceso muy interesante”, asegura Eugenio. “En los años 70 y, sobre todo, en los 80, el centro histórico había entrado en una degradación muy grave. Muchas familias se estaban mudando a las nuevas colonias porque mantener las casas antiguas resultaba muy caro y complicado. Al mismo tiempo, las viviendas se estaban convirtiendo en comercios y, con la crisis económica de los ochenta, el centro se llenó de vendedores ambulantes, convirtiéndose prácticamente en un gran tianguis”.

Recuerda que, ante esa situación, un grupo de personas impulsó la iniciativa, con el apoyo de varios gobernadores. Figuras como Manuel González Galván, Esperanza Ramírez, Teresa Martínez Peñalosa, Jaime Hernández y Genovevo Figueroa jugaron un papel muy importante. “Lo más notable es que fue un momento en el que se unieron voluntades más allá de partidos e ideologías: gente de izquierda y de derecha trabajando por un mismo objetivo: rescatar el centro de Morelia. Se formó una comisión interinstitucional y yo participé en ella, ya que en esa época trabajaba en la Secretaría de Turismo, a cargo de Enrique León Cepeda. Juntos elaboramos el expediente que se presentó ante la UNESCO y, afortunadamente, en diciembre de 1991 logramos que Morelia fuera declarada Patrimonio Mundial. Fue un gran logro colectivo”.

Desde entonces, añade, el centro histórico de Morelia empezó a ser objeto de atención pública y privada. Empezaron a proliferar las inversiones: se hizo el cableado subterráneo, se empezaron a restaurar jardines, plazas y edificios emblemáticos; también la iniciativa privada empezó a invertir en restauración de viviendas y la habilitación de espacios para el turismo, de manera que se pudo advertir una mejora de este importante espacio.

Sin embargo, persistía un problema como el ambulantaje, con otros factores políticos y sociales que vivió la entidad durante la década de los 90. “Hay que recordar que había mucha efervescencia social, se polarizaron los ánimos por las cuestiones políticas, pero finalmente se logró conjuntar el esfuerzo de investigadores, académicos, personas de la cultura y el propio gobierno para emprender el programa de rescate del centro histórico”.

Con la reubicación de los vendedores ambulantes en 2001 y la liberación de vialidades se propició un resurgimiento turístico de la ciudad y también se volvió a reconocer el centro histórico por parte de los propios pobladores como un área de identidad. “En ese proceso hay algo que siempre me llamó la atención y es el redescubrimiento que hicieron los jóvenes del centro histórico. Hasta antes de esto, los jóvenes no acudían al centro histórico y, ahora lo vemos, es un sitio de reunión favorito de la juventud y creo que esto es un logro interesante que ha permanecido, pero, desde luego, como todo proceso de conservación del patrimonio, es inacabado. Esto es algo en que debemos de seguir trabajando a través del tiempo”.

Para el ex director del Museo Regional Michoacano (1997-2006), la principal tensión que presenta la ciudad entre conservación patrimonial y desarrollo urbano es de carácter económico. “Vivimos en una economía de mercado donde casi el 90 por ciento de los monumentos históricos del centro de Morelia son propiedad privada y están sujetos a la especulación inmobiliaria”. Y agrega: “El problema se agrava por el fuerte despoblamiento: pasamos de casi 50 mil habitantes en los años 80 a solo 17 ó 19 mil actualmente. Muchas casas se convierten en comercios, hoteles y restaurantes, y otras se abandonan o derrumban para vender el terreno. Resolver esto exige políticas públicas fuertes que combinen valoración cultural, incentivos económicos y una mejor regulación de las intervenciones, con planes de desarrollo urbano más estrictos. Es un desafío permanente”.

El doctor en arquitectura explica que la UNESCO no inscribe cualquier ciudad como Patrimonio Mundial: pide que se demuestren claramente sus valores excepcionales. En el caso de Morelia, señala puntualmente, estos valores son urbanísticos, arquitectónicos e históricos. “Urbanísticamente, Morelia es un magnífico ejemplo del modelo virreinal, con su traza original, plazas, jardines y división de lotes intacta. Arquitectónicamente, tiene una continuidad estilística impresionante del siglo XVI al XX, algo realmente especial”.

Aquí resalta un elemento clave que muchas veces se pasa por alto y son los patios de las casonas: verdaderos corazones de las casas, que servían para convivir, distribuir los espacios y regular la temperatura. “La doctora Catherine Ettinger lo explica muy bien en su reciente libro Casas, casitas y casonas de Morelia. Lamentablemente, hoy vemos muchas intervenciones que solo salvan la fachada de cantería, pero por dentro destruyen los patios y convierten las casas en espacios modernos sin identidad. Y no olvidemos el valor histórico: Morelia tiene una historia rica y fundamental para entender a México. Si queremos seguir siendo un referente en América, debemos conservar estos valores de forma integral, no solo la imagen externa”.

En este sentido, los murales y la arquitectura han sido fundamentales para forjar la identidad michoacana contemporánea, agrega Eugenio. “Lejos de verlo como una amenaza, considero que el turismo es principalmente una expresión de curiosidad por lo bello y lo significativo que se ha construido a lo largo de la historia. Los murales, en particular, representan una de las expresiones artísticas más importantes de México en el siglo XX. En Michoacán, reflejan de manera muy viva nuestra identidad: la vida de las comunidades indígenas, las luchas obreras y campesinas, y la búsqueda permanente de libertad”.

Así, refiere que el muralismo no solo fortalece nuestra identidad local, sino que se convierte en un poderoso atractivo cultural que invita al mundo a conocer Morelia y Michoacán.

En enero de 2025 concluyó la restauración del mural “La lucha contra la guerra y el terror” de Philip Guston y Reuben Kadish en el Museo Regional Michoacano. Surgió entonces la necesidad de explicar la obra de manera clara y accesible. Junto con el director de dicho museo, Jaime Reyes, y el apoyo de la Rectoría de la Universidad Michoacana, Eugenio Mercado se dio a la tarea de publicar el libro Un mural recuperado. La lucha contra la guerra y el terror de Philip Guston (1913-1980) y Reuben Kadish (1913-1992) (UMSNH, 2026), que sintetiza toda la historia del mural: su creación, el contexto histórico, por qué llegó a Morelia, por qué fue cubierto durante décadas y el largo proceso de restauración.

El libro está escrito en lenguaje sencillo y está disponible de forma gratuita en formato digital. Cualquier persona puede descargarlo escaneando un código QR en la Facultad de Arquitectura de la UMSNH y compartirlo. Según el arquitecto e investigador, “es una forma de democratizar el acceso a esta información y contribuir a que más gente conozca y valore este importante mural”.

El mural, explica Eugenio Mercado, es una denuncia que los jóvenes pintores en los 30 plantearon ante la sociedad moreliana y ante el mundo. “Es una denuncia contra la violencia del hombre contra el hombre como un tema universal y atemporal que se ha dado a lo largo de toda la historia de la especie humana y que no se puede callar la sociedad ante estos temas de violencia y de opresión, por lo cual es un mural que debe ser visto, comprendido, entendido y que nos debe de invitar a la reflexión para construir un mundo mejor”.

Volviendo a Morelia, el también autor del libro Turismo, imagen urbana y arquitectura en las políticas públicas. México en las primeras décadas del siglo XX (UMSNH, 2020) señala que en la actualidad hay esfuerzos interesantes, como los proyectos de movilidad: el teleférico y las líneas de Metrobús. “Lejos de satanizar estas transformaciones, pienso que la movilidad es un tema básico en las ciudades contemporáneas. No podemos seguir apostando solo al automóvil y seguir haciendo más vialidades. Es necesario poner al transporte público como eje de una verdadera transformación urbana y social. Ya se ha demostrado en otras ciudades del mundo que es posible”.

Uno de los mayores retos para equilibrar la preservación del patrimonio privado y las dinámicas públicas y turísticas de Michoacán pasa por una fuerte concientización social, añade Eugenio. “Decía la maestra Esperanza Ramírez que nadie ama lo que no conoce y eso es cierto. Si no conocemos el significado y la historia de este patrimonio difícilmente lo podemos apreciar”.

Señala que las instancias públicas deben de continuar trabajando en la actualización de los planes de gestión urbana “porque muchos de estos instrumentos se ven rebasados con mucha facilidad por las dinámicas sociales y siempre parece que la actualización de reglamentos, planes y programas de desarrollo urbano van atrás de la realidad. Se combaten problemas cuando ya están presentes en vez de preverse”.

Agrega: “Otro aspecto es que debe existir la conciencia de que se debe incentivar a los propietarios para que se conserven estos inmuebles. Por ejemplo, hay muchas ciudades en el mundo que tiene este tipo de patrimonio en el que los propietarios tienen exenciones fiscales, incentivos, fondos de crédito blandos con intereses reducidos para emprender la restauración de estos inmuebles”.

Cree, por tanto, que se debe dejar de pensar en una ciudad que se extiende cada vez más sobre el territorio y pasar a una ciudad más concentrada, más compacta y más asequible. Refiere que durante la pandemia se hablaba mucho de la ciudad de los 15 minutos: poder llegar caminando o en transporte corto a casi todo lo que se necesita para vivir bien. “Eso se logra con buena movilidad, con sistemas menos contaminantes, como la bicicleta, que además fomentan el ejercicio.

Al final, concluye Eugenio Mercado, es fundamental que este nuevo modelo de ciudad cale en la sociedad. “Debemos luchar por una Morelia más habitable y vivible, donde se controle la especulación inmobiliaria y los intereses económicos que hoy atentan contra la tranquilidad y la calidad de vida de las personas. Ésa es la ciudad que yo quisiera ver”.

Víctor Rodríguez, comunicólogo, diseñador gráfico y periodista cultural.