Si no hay cambio de agenda, todo indica que, a través de su líder nacional, Luisa María Alcaide Luján, este jueves se instale la esperada y urgente mesa política de Morena Michoacán.
En el fondo, lo anterior está encaminado a tratar de garantizar la gobernabilidad del ente partidista y en ello impedir el descarrilamiento de la disputa de los y las aspirantes a la gubernatura.
Una mesa política morenista en el estado daría un mayor espacio a la negociación, en todo sentido, internos y externos, así como una mejor planificación hacia su interior.
Si, de entrada, el objetivo debe ser la contención o al menos la mitigación de las fricciones de dichos aspirantes, pero igual cerrar filas de Morena con sus aliados incondicionales del PVEM y PT.
Se trata de un frenar la ascendente espiral de guerra de encuestas y descalificaciones de las corriente, tribus y grupos guindas que se da ante la cercanía de la madre de todas las encuestas.
Sin embargo, todo indica la consideración también de establecer como meta a corto plazo una estrategia para fortalecer no solo a Morena misma, en lo general, sino a sus aspirantes.
Y es que cada aspirante, de cualquier género, en este caso a la gubernatura, más allá de su historial formal, debe estar a prueba de señalamientos negativos, sobre todo de vínculos con el crimen.
Hay la posibilidad de que sea un colegiado la presidencia de esa mesa política, pero, sin lugar a duda, el enlace del liderazgo nacional, sería más que la batuta, el que dé los manotazos.
