Editorial
Nunca es muy tarde, pero si tarde. La primera muerte del año en el país por sarampión, más los casos de contagio acumulados en los últimos meses, hasta doscientos, debería ser suficiente para que el Congreso del Estado de Michoacán provocara la comparecencia del titular de la Secretaría de Salid en la entidad, Elías Ibarra Torres.
No, no para exactamente sentar al funcionario público en el banquillo de los acusados, no para enjuiciarlo, sino para que explicarla de manera horizontal y vertical qué tipo de estrategia se está siguiendo ante la situación descrita que ha llevado a ponderar una alerta sanitaria en la entidad y más en los campos agrícolas.
Hasta para deletrear, como oficialmente se ha dicho, que desde 1995 Michoacán no han tenido muertes por contagios autóctonos de sarampión y el deceso del mes pasado, que ocasionó una gran sorpresa más allá del estado, se trata de un caso considerado como importado; además, de que se han adoptado las medidas pertinentes.
Hasta hoy en día, se tiene determinada la focalización del problema en cuando menos 5 de los 113 municipios michoacanos: Morelia, aunque no catalogado como grave, Los Reyes, Yurécuaro, Apatzingán y Coalcomán, en donde el área de Salud responsable mantiene intensas brigadas de vacunación para contrarestar la circunstancia.
No, ni los titulares de los órganos de decisión ni los integrantes de la Comisión de Salud del Congreso del Estado de Michoacán han siquiera visualizado una comparecencia de ese tipo, pese a la gravedad del fenómeno, tal vez porque la coyuntura no es exclusiva de la entidad, sino que se da a lo largo y ancho del territorio mexicano.
Como el caso de la violencia…