“Antes decía: el cine es mi vida. Ahora digo: el cine soy yo disfrutando la vida con mis hijas.”

Yazmin Espinoza 

Morelia respira cine. Lo hace desde sus festivales, sus calles que alojan historias, y también desde gestos que buscan descentralizar el cine y llevarlo a otros cuerpos, otros espacios, otras voces. En ese marco, la cineasta Kenya Márquez visitó la capital michoacana para participar en la edición más reciente de la Muestra 5C, un espacio que reúne cine, comunidad, creación, crítica y conversación. La directora de Asfixia y Fecha de caducidad impartió una master class, convivió con jóvenes creadores y vivió uno de los momentos más significativos de su carrera: la proyección de su segundo largometraje en el Penal Femenil de Morelia.

En entrevista con Intermedio, Márquez comparte el trayecto que la llevó de Guadalajara a las grandes ligas del cine mexicano e internacional, sus ideas sobre el cuerpo y la intuición como ejes de la creación, y lo que implica seguir contando historias con todas las herramientas posibles, incluso en los márgenes. O, sobre todo, ahí.

¿Cómo te sientes en esta visita a Morelia en la que vas a compartir con cineastas locales?

A mí siempre me emociona venir fuera de la Ciudad de México. Soy de Guadalajara, y para quienes somos de provincia es más complejo construir un camino en el medio, ya sea en teatro, cine o literatura. Es más tortuoso. Recuerdo que cuando era joven, tener acceso a charlas o talleres era muy difícil; solo durante el Festival de Guadalajara, que antes era una muestra, tenía esa posibilidad. Afortunadamente, hoy, con la llegada del digital, el cine mexicano cobró fuerza en el mundo y se abrieron más espacios. Ya hay escuelas y talleres fuera de la Ciudad de México, lo cual evita la centralización. Desde mi ser, intento siempre descentralizar, porque así tiene que ser. Hay que dar oportunidad a los jóvenes de formarse sin moverse de su ciudad, generar industria local, empleo y otras narrativas.

Cuando filmé en 1998, en Guadalajara no había quien manejara una cámara de 35 mm. Me llevé a un fotógrafo desde la Ciudad de México. Hoy ya se hacen series allá, y ese también puede ser el camino para Michoacán, porque tienen un gran festival y muchas historias que contar. Morelia para mí es muy especial: aquí se han estrenado mis películas y cortos. Me gusta mucho dar clases, porque me renuevan y me enseñan.

Asfixia, tu segundo largometraje, se proyectará en un lugar inusual: el Penal Femenil de Morelia. ¿Qué te provoca este gesto y cómo se transforma el cine cuando llega a esos espacios?

Estoy muy contenta porque Morelia fue el único lugar que me dijo que sí. Llevaba años buscando que Asfixia se proyectara en un penal de mujeres. La película nació a partir de una nota que leí: decía que el 70% de las mujeres presas están ahí por algo relacionado con su pareja. No porque sean "malas", sino porque se enamoran, encubren delitos o se quedan calladas. Luego, las abandonan. Asfixia parte de esa realidad: lo que se pierde al delinquir, el estigma, la imposibilidad de reinsertarse, la pérdida de los hijos, la discriminación.

Desde que se estrenó en 2020 aquí en Morelia, he querido que las mujeres privadas de la libertad pudieran verla, verse reflejadas, no para cambiarles la vida, pero sí para generar un clic, una reflexión. Cuando se lo propuse a Sandra (organizadora de la muestra), me dijo que sí de inmediato. Estoy muy agradecida. Esto representa para mí un fin más profundo que el de cualquier festival. Me emociona que mi hija esté aquí y pueda vivir esta experiencia; seguramente también le va a transformar la vida. Presentar esta película así, aquí, cierra un ciclo.

¿Cómo fue tu primer contacto con una cámara? ¿Recuerdas ese momento en que sentiste que el cine era algo que podía ser tuyo?

Antes del cine, fui periodista. El periodismo me enseñó a contar historias, me ayudó a desinhibirme, porque aunque no lo parezca, soy muy introvertida. Me cuesta socializar, y el periodismo te obliga a hacerlo. Disfrutaba mucho entrevistar y luego, en mi casa, escribir historias completas sobre esas personas. Hacía cuentos basados en lo que les pasaba. Quería escribir libros, pero me di cuenta de que no era tan buena en eso. Puedo escribir guiones, pero los libros no me salieron. Entonces pensé: si no libros, pues películas. Y justo en esa etapa, vi El inquilino de Polanski, que me fascinó. Ahí supe que ese era el camino. Aun así, nunca dejé del todo el periodismo. En casa sigo investigando, leyendo, denunciando. Es una profesión muy generosa con la comunidad. Utilizo esas herramientas para contar desde otro lugar.

A lo largo de tu carrera has construido una filmografía que apuesta por narrativas potentes y personajes complejos. ¿Cómo ha cambiado tu forma de dirigir con el paso del tiempo?

Ahora estoy terminando mi última película, que se llama Se busca. Forma parte de una trilogía con Fecha de caducidad y Asfixia. Me hubiera encantado tenerla lista para Morelia, pero aún no la termino. Espero estrenarla el próximo año. Siento que esta película es una reconciliación con la vida. Habla de ser madre, de dejar que los hijos vuelen. Tiene mi sello, pero no es tan oscura como las anteriores. Por primera vez no estoy contando desde el dolor, sino desde otro lugar más generoso. Creo que eso también tiene que ver con el momento de vida en el que estoy.

Lo más desafiante ha sido resistir y mantenerme fiel a mis formas de narrar. Pero también he aprendido a no aferrarme solo a una. Ahora estoy explorando otros formatos: documental, guion, fotografía. Y también me estoy dando espacio a mí. Me gusta correr, estar con mis hijas. Antes decía: "el cine es mi vida". Ahora digo: "el cine soy yo disfrutando la vida con mis hijas". Estoy más grande y eso cambia la manera de estar en el oficio.

¿Qué tipo de cine mexicano te conmueve hoy? ¿Y qué te gustaría que cambiara?

Me conmueve ver nuevas voces, otras formas de contar, nuevas miradas. Pero me encantaría que dejáramos de centralizar todo en la Ciudad de México. Es una gran ciudad, sí, pero hay vida fuera de ahí. En Guadalajara, en Morelia, hay historias, talentos, equipos. Me gusta vivir donde vivo y trabajar desde ahí. También creo que debemos abrirnos a otros formatos, no solo al largometraje. Hay muchas formas de narrar.

¿Qué le dirías a una joven directora que aún no sabe si su historia vale la pena ser contada?

Que confíe en su intuición. Que no desista. Que hay muchas maneras de ejercer este oficio. A veces una fotografía puede inspirarte, no todo es hacer una película. Que no se sienta decepcionada si el camino no es como lo imaginó. Hay muchas formas de encontrar satisfacción en el arte. Y que la vida se va muy rápido. Hay que vivirla.

Cine, ojos y vida

Una película que te marcó:

El inquilino de Roman Polanski. También Gritos y susurros, María Mortal de Tom Tykwer y recientemente Un viaje de sobriedad.

Una actriz o actor que te emociona filmar:

Quiero volver a trabajar con Damián Alcázar, Mónica del Carmen y Raúl Briones. También con Aileen Yañez, Camila Calónico y Teresita Sánchez (de aquí, de Morelia), a quien admiro mucho.

Tu momento favorito del rodaje:

Cuando mis hijas me visitan.

El mejor consejo que te han dado como directora: 

Que me fije en los ojos de los actores. Me lo dio Amat Escalante y lo adopté como regla.