Morelia, Michoacán/Reportaje gráfico: ACG
Con el sonido de las herramientas aún fresco en la memoria y el color de la mezcla pintando la ropa, trabajadores de la construcción hicieron una pausa este 3 de mayo para celebrar el Día de la Santa Cruz, una fecha que honra su labor y refuerza una tradición profundamente arraigada en México.
Desde distintos puntos de la capital michoacana, albañiles llegaron a la plaza Jardín Generalísimo Morelos, cargando cruces elaboradas con madera, varilla y otros materiales de obra, adornadas con flores de papel y listones de colores. Todas fueron colocadas para recibir la bendición durante una misa colectiva, en la que también se pidió por la salud y seguridad de quienes diariamente enfrentan riesgos en su trabajo.
“Es una tradición que no se pierde. Venimos a pedir que nos vaya bien, que no falte el trabajo y que regresemos con bien a casa”, coincidieron algunos de los asistentes, quienes destacaron el valor simbólico de este día dentro del gremio.
El origen de esta celebración se remonta a la época del Imperio Romano. Según la tradición, Helena de Constantinopla descubrió en Jerusalén la cruz donde murió Jesucristo, un hallazgo que dio lugar a la conmemoración católica.
En territorio mexicano, la fecha se fusionó con rituales agrícolas prehispánicos dedicados a deidades como Tláloc, consolidando así una celebración que mezcla fe y cosmovisión ancestral.
Más allá de la tradición, el Día de la Santa Cruz también visibiliza la importancia del sector de la construcción en el país. De acuerdo con cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), millones de personas dependen de esta actividad, que continúa siendo clave para el desarrollo urbano y económico.
Aunque persisten retos como los bajos salarios y la desigualdad de género, la fecha se convierte en un momento de reconocimiento para quienes, con esfuerzo físico y conocimiento práctico, levantan viviendas, edificios e infraestructura.
Entre comida compartida, música y momentos de fe, los trabajadores celebraran su día reafirmando una identidad que se construye, literalmente, ladrillo a ladrillo.