Angangueo, Mich. | Agencia ACG.- Al caer la tarde, Angangueo comienza a transformarse. Poco a poco, luces cálidas se encienden en fachadas, balcones y callejones, anunciando el inminente arranque de una de las noches más esperadas del Día de la Santa Cruz.
El encendido del pueblo avanza de forma gradual, como un respiro colectivo antes del estallido de luz y sonido que caracteriza esta celebración. En la calle principal, donde horas antes se tendieron los tapetes de aserrín, ahora se percibe un ambiente de expectativa: familias reunidas, visitantes atentos y vecinos afinando los últimos detalles.
La pirotecnia es protagonista. Además de los espectáculos organizados, en distintos barrios los propios habitantes se suman a la tradición con fuegos artificiales lanzados desde patios, azoteas y espacios abiertos. Cada casa se convierte en un punto de luz, cada rincón en una chispa que se suma al conjunto.
No faltan los llamados “castillitos”, estructuras artesanales cargadas de pirotecnia que, al encenderse, dibujan figuras luminosas en la noche. Son levantados por manos locales y forman parte esencial del paisaje festivo, en una muestra de identidad y participación comunitaria.
Así, mientras la oscuridad termina de asentarse, Angangueo se enciende por completo, preparándose para una noche donde el cielo será el lienzo y la pólvora el lenguaje de una tradición que se vive desde cada barrio y cada hogar.
